No hablamos de adivinación, claro, sino de apoyarnos en la tecnología para adelantarnos al problema antes de de que llegue.
No todas las averías empiezan con una parada o un sistema que ha dejado de funcionar. A veces empiezan mucho antes, con algo que no se ve a simple vista: un punto de calor anómalo. La medición termográfica permite detectar diferencias de temperatura en cuadros, conexiones, protecciones, embarrados, transformadores o equipos eléctricos, ayudando a localizar sobrecargas, malos contactos, desequilibrios o elementos que están trabajando fuera de sus condiciones normales y que pueden suponer un riesgo potencial para la instalación y las persnas.
Su valor no está solo en la imagen, sino en lo que revela, pues donde aparentemente todo funciona, una cámara termográfica puede mostrar señales tempranas de desgaste o riesgo que conviene revisar antes de que se conviertan en una incidencia real. En instalaciones eléctricas e industriales, adelantarse a ese tipo de señales puede marcar la diferencia entre una corrección a tiempo y una parada no prevista.
En definitiva se trata, como decíamos al comienzo que ver más allá para disponer de información fiable, y esto puede empezar por saber ver lo que el ojo no detecta.