Ya hablamos sobre Tormentas Solares y sus implicaciones hace un tiempo.
Y la verdad es que esta semana de enero de 2026 se ha vuelto a producir otra eyección masiva y se esperan algunas repercusiones en la red eléctrica. También, y aunque hay estudios en marcha que lo validen, se presupone cierto vínculo entre perturbaciones electromagnéticas y su incidencia en la salud, como dolores de cabeza o problemas cardiacos, especialmente en personas sensibles o que porten dispositivos electrónicos como marcapasos.
Aunque son también responsables de las hermosas Auroras Boreales, pueden suponer un desafío para la red eléctrica, pues se liberan cantidades ingentes de partículas cargadas que, al llegar a la Tierra, pueden generar esas disrupciones (también llamadas tormentas) geomagnéticas.
Sus efectos suelen ser la sobrecarga de líneas de transmisión y transformadores, causando apagones, subestaciones comprometidas debido a corrientes inducidas o interrupciones temporales en el suministro, afectando a industrias y ciudades enteras.
Suelen ser notorios fallos en satélites y sistemas GPS, afectando la navegación y las telecomunicaciones o internet inestable por servidores caídos.
Como anécdota, en 1989 una tormenta geomagnética dejó sin suministro eléctrico a millones de personas en Canadá durante horas.
Lo mejor que se puede hacer es en aras de la prudencia, es aumentar la protección y blindaje de infraestructuras críticas, monitorizar la actividad solar e implementar protocolos de respuesta rápida para la red eléctrica.
Hoy día, dependemos en gran medida de la tecnología, por lo que la fortaleza de las infraestructuras es crucial. Empresas y redes públicas de energía deben estar vigilantes para poder hacer frente a un episodio complicado de esta naturaleza, aún cuando –de momento– su repercusión pueda ser limitada y temporal.
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