Una subestación eléctrica no es solo un conjunto de equipos de alta tensión. Es una infraestructura crítica planeada para garantizar seguridad, fiabilidad y continuidad del suministro durante mucho tiempo de forma segura y eficiente.
Hay que empezar por el principio, por el estudio de la demanda. Se considera también que potencia será necesaria, crecimiento futuro, nivel de tensión y tipo de red a la que se conectará. A partir de ahí se define si será una subestación de transporte, distribución o industrial.
El siguiente paso es el emplazamiento. El terreno, la accesibilidad, la cercanía a líneas existentes, las condiciones ambientales y la normativa condicionan el diseño desde el primer día.
Después llega el diseño eléctrico: esquema unifilar, niveles de aislamiento, barras, interruptores, transformadores, protecciones y sistemas de control. Aquí se decide cómo se garantiza la redundancia o la seguridad ante fallos. Se trata de enormes proyectos de ingeniería eléctrica e industrial y operativa en los que nada debe quedar al azar y todo elemento tiene un propósito.
Además, contemplan costes extendidos en el tiempo ya que el diseño de la subestación no termina sin pensar en el mantenimiento. Espacios, accesos, maniobras seguras, ampliaciones futuras y facilidad de intervención forman parte del proyecto desde el inicio y a menudo condicionan el resultado final.
Una subestación bien diseñada no destaca por lo que se ve, sino por lo que nunca ocurre: cortes, fallos, incendios o paradas imprevistas.